Legado
Preparar una herencia no es solo transferir bienes, sino preparar a quienes van a recibirlos para convertir ese patrimonio en verdadero legado.

Se habla de la transferencia de riqueza más grande de la historia. En el mundo, hasta 120.000 millones de dólares van a cambiar de manos en los próximos veinte años. Así lo dice un estudio de la firma Withers, publicado en una guía global de Family Offices.
En América Latina esto tiene un color propio. Buena parte de esos patrimonios se construyó en una sola generación: una empresa, una finca, unos inmuebles, un fundador que trabajó sin parar. Y ahora viene una segunda generación que muchas veces vive en otro país, gana en otra moneda y piensa la vida distinto.
El error es pensar que esto es solo un tema de traspasar bienes. No lo es. Es un tema de preparación.
Y ahí hay tres capas. Se prepara el patrimonio: estructuras, liquidez, impuestos, jurisdicciones. Eso lo resuelve un buen equipo técnico.
Se preparan las personas: qué significa recibir, qué se espera de quien recibe, qué se puede vender y qué no. Eso ya no lo resuelve solo un abogado.
Y se prepara la conversación, porque el patrimonio se transfiere en un segundo, pero la confianza se construye en años.
Y aquí está lo que casi nadie quiere admitir: muchas familias pasan doce meses ajustando una estructura fiduciaria, y no dedican ni media tarde a preguntarle a los hijos qué creen que podrían hacer con lo que van a recibir. ¿Qué quieren, qué imaginan, qué conservarían, qué cambiarían?
Un heredero no se improvisa. Se forma, se va involucrando desde temprana edad.
Y cuando la plata llega antes que esa preparación, lo que se recibe no es un patrimonio. Es una carga.
En WMI acompañamos a las familias en esa conversación, siempre del mismo lado de la mesa.