Finanzas
Antes de invertir, una familia debe saber qué tan fácil será recuperar su dinero cuando decida salir.

Como dice el conocido aforismo, la mayoría de las personas que son, o se vuelven finqueros, solo sienten verdadera felicidad dos días: El día en que la compran y el día en que la venden.
Como corolario, son infelices el resto de días, es decir, a lo largo de todo el período en que son propietarios.
Infelices, seguramente por la cantidad de tiempo, trabajo y riesgo que implica ser propietario de un inmueble. Por lo general mucho más de lo que esperaban. Por supuesto, también los abruma el nivel de gastos.
Y si es productivo, con mayor razón: Son innumerables los asuntos técnicos, laborales, comerciales, agropecuarios, sanitarios, ambientales, contables, tributarios y de servicios públicos que deben administrarse y pagarse de manera oportuna e impecable para, al menos, tener la expectativa de una rentabilidad decente.
Y, además, está la necesidad frecuente de inversiones adicionales, que amenaza la liquidez de sus propietarios.
En fin. Una buena rentabilidad se logra algunos años, otros no.
Además de esos inmuebles, los grupos familiares con frecuencia invierten en activos no productivos tales como fincas de recreo, lotes, acciones de sociedades, participación en proyectos, fondos, emprendimientos, etc., que no tienen un mercado secundario. En otras palabras, que no es fácil venderlos.
Tarde o temprano llega el día en que el activo se quiera vender. Pero, pasa el tiempo y los clientes no aparecen. Pasa más tiempo y crece la impaciencia. Que pronto se convierte en desesperación y en fuente de conflicto entre familiares.
Algunos dicen que hay que bajar el precio ya, pero qué tanto? Otros dicen que hay que seguir esperando. Y entre tanto, se siguen pagando impuestos, administraciones, nóminas, prediales y servicios varios.
Cuál es la lección para un grupo familiar? Pensarlo dos veces antes de invertir recursos importantes en cosas que después les será muy difícil vender con una utilidad decente.
Y también, a medida que las personas van entrando en años, ir convirtiendo gradualmente a activos de mayor liquidez.
En síntesis, empezar a desinvertir de manera inteligente y deliberada, con tiempo suficiente para contar con liquidez en las etapas finales de la vida.
Que cuando se esté entrando, se sepa muy bien si hay una puerta de salida, dónde está ubicada y cómo se llega a ella.
Eso sí es saber vivir!