Cuando ningún hijo sigue los pasos del fundador

¿Puede una empresa sobrevivir sin herederos gestores?
Juan Carlos Franco
12/12/2025
Cuando el fundador de una empresa familiar exitosa va entrando en años y llega a una conclusión incómoda —ninguno de sus hijos quiere (o puede) tomar las riendas del negocio— suele aparecer una mezcla peligrosa de decepción, culpa y negación.

Error clásico: insistir. La empresa, a pesar de tanto esfuerzo, sudor y lágrimas, no es un testamento emocional. Ni los hijos son planes de contingencia.

Aceptar que los hijos tienen proyectos de vida distintos no es un fracaso. Es manejar información valiosa de forma madura y realista, es enfrentar la realidad. A partir de ahí, el fundador tiene varias opciones sensatas, todas perfectamente legítimas.

La primera es profesionalizar la dirección. Separar propiedad y gestión. El fundador puede seguir siendo dueño —o presidente de junta— y contratar un gerente profesional con experiencia probada. Esto exige gobierno corporativo serio, reglas claras y el ego bien guardado en un cajón. Funciona mejor de lo que muchos creen.

La segunda opción es vender total o parcialmente la empresa. A un socio estratégico, a un fondo, o incluso a los mismos directivos mediante un MBO. Vender no es traicionar el legado; a veces es la mejor forma de preservarlo. El verdadero legado no es el control, sino el valor creado. Mientras más se aplace, más riesgo hay de que la empresa vaya perdiendo valor.

Una tercera alternativa es convertir la empresa en un activo patrimonial, en lugar de un proyecto de vida familiar. Los hijos pueden ser accionistas, no gestores. Reciben dividendos, participan en decisiones estratégicas desde la junta —si quieren— y siguen su camino sin culpas heredadas.

También existe la opción de una fundación empresarial o esquema híbrido, cuando el fundador quiere asegurar continuidad, empleo y propósito, más allá del apellido.

La peor decisión es no decidir. Postergar, improvisar o esperar “a ver si a alguno le nace” suele destruir valor y relaciones familiares.

Una empresa bien manejada puede sobrevivir sin herederos gestores. Una familia, en cambio, no siempre sobrevive a un fundador que nunca soltó. En eso consiste la verdadera sabiduría patrimonial.

Whatsapp logoLinkedin LogoEmail logo
Más Articulos

Sigue Leyendo